¿Y la emoción que se experimenta a través de la forma y el contenido de la obra, no del recuerdo? A veces, desde el prejuicio contra la nostalgia, asumimos que el objeto es obsoleto y que su valor lo es solo como recuerdo. No hay que dejar de lado que el retrogaming también se puede habitar desde el disfrute estético, lúdico y tecnológico. Música, sonidos, colores, jugabilidad sin exigencias. Jugar, mirar, escuchar, apreciar desde un registro emocional que no es solo producto de la memoria.
Pensando en términos de vivir experiencias en el presente, creo que el retrogaming se puede asimilar -en el sentido de experiencias de goce- a escuchar música clásica o jazz. Pude jugar a los arcades en los 70 y 80; no tuve el privilegio biografico de apreciar ese jazz en su época, pero el disfrute de la mùsica hoy me es posible.
Haber estado y haber vivido la experiencia en el VillageVanguard en 1961 se relaciona con la experiencia arcade vivida por jugar en un salón en los 80. Escuchar hoy un disco de Bill Evans es como jugar a la ROM del juego en un emulador. También se puede escuchar a Evans desde Spotify o YouTube, pero la experiencia de escucharlo tocando en el Village Vanguard es irrepetible; se perdió para siempre.
Irrepetible también es la experiencia arcade de jugar en un salón de la época, aunque en lugar de un emulador, en la actualidad, el juego corra en una máquina original. Jugar con fichas compradas, el salón, el humo, los curiosos, la cacofonía de ruidos, la música, los efectos... la experiencia irrepetible, experimentada o no experimentada.
Lo irrepetible puede ser doloroso y generar resistencias desesperadas incluso paradójicas: como la de quienes intentan atrapar la experiencia de un concierto grabándolo con el celular y, en el proceso, terminan perdiéndosela.
Claro que se puede gozar hoy de una pieza de jazz o de un arcade de los 80. Más allá de la nostalgia, el reto es encontrarnos de forma nueva con ellos. Convertir esos clásicos en el escenario de experiencias actuales y auténticas por derecho propio —y no como simple evocación de un pasado irrepetible— cada vez que volvemos a ellos.
El conocimiento de quien experimentó conlleva cargar la cruz de la nostalgia por lo perdido. ¿Necesariamente tiene que ser algo malo la nostalgia? ¿Y si, además de apreciar los juegos en sí, en algunos momentos nos pueden transportar a la época? Sí, puede haber un goce biográfico. El goce es válido. La nostalgia puede funcionar como espacio de defensa o de seguridad psicológica.
Ni apología del pasado, ni un rechazo absoluto de la nostalgia. ¿Reivindicar una nostalgia como experiencia del presente? Como un refugio temporal, pero sin cancelar el presente. La nostalgia que rechazo es la de los viejos malhumorados, la otra cara de la moneda de 'todo lo antiguo es obsoleto': rechazan lo nuevo porque dicen que todo tiempo pasado fue mejor.
Mi ritual al caer la noche: jugar unas partidas emuladas a Galaxian o pacman , tomando whisky -barato- y escuchando jazz. Una experiencia de goce presente.
(*) El texto de la entrada es de mi autorìa -obviamente salvo las citas-. Luego correcciòn ortografica y gramatical con IA Gemini.
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