Italo Calvino en el salon de pinball japones.


 En otra entrada del blog exploré brevemente sobre los orígenes y antecedentes del videojuego arcade:

 
"El nombre 'arcade' proviene de las antiguas máquinas mecánicas y electromecánicas de principios del siglo XX, las penny arcade. La razón del nombre penny era porque funcionaban con monedas de un centavo, y arcade porque solían ubicarse en las galerías con arcadas de las estaciones de tren —nota aparte: lugares frecuentados principalmente por la clase trabajadora—. En ese entonces, el catálogo se 
 limitaba a pinballs mecánicos, juegos de disparo y máquinas de apuestas en bares o salones de billar". https://bitacoraarcade.blogspot.com/2026/01/arcades-videojuegos-recreativas.html
 
Los salones de penny arcade fueron tugurios frecuentados por las clases bajas y marginales. La era mecánica del entretenimiento. Una mezcla de máquinas de apuestas, de entretenimiento y hasta pornografía —mutoscopios o peep shows que reproducían carretes de imágenes—.
 
En origen las máquinas de videojuegos arcadesesaban dirigidas fundamentalmente al público adulto, en consonancia su despliegue se dio en esos espacios preexistentes de los salones penny arcade. Por eso, en sus inicios, los arcades heredaron los prejuicios y las leyes regulatorias del penny arcade.
 
En el Japón de hoy día hay un fósil viviente: los salones de pachinko. Una especie de mezcla entre el pinball (flipper) occidental y las máquinas tragamonedas. Penny arcade híbrido mecánico/electrónico, pero en definitiva vivito y coleando. Hay referencias de la industria del pachinko moviendo 200.000 millones de dólares anuales, superando a los ingresos de juegos de Las Vegas. Si bien el pachinko viene con cierto declive, tiene el doble de salones que el arcade tradicional, que está en trayectoria de extinción.
 
Un juego controlado tradicionalmente por la mafia Yakuza (los pinball en Nueva York de los 40 tenían relación estrecha con la mafia). El juego funciona en un limbo legal: el jugador obtiene premios que luego vende por efectivo en otra tienda, y esa tienda se los vuelve a "vender" al salón de pachinko. Este mecanismo se conoce como santen hoshiki (sistema de tres tiendas). https://www.zendalibros.com/pachinko-el-juego-que-se-burla-de-la-ley-en-japon/
 
En 1976, Italo Calvino escribió esta crónica de viaje:

"Los flippers de la soledad
 

La inscripción Pachinko en caracteres latinos indica en Tokio y en todas las ciudades del Japón las salas de flippers o Juegos eléctricos que se distinguen de los americanos y europeos porque son verticales, ordenados en fila, uno pegado al otro, y el que juega está sentado. 
 

A juzgar por el número de locales y la frecuentación del público a toda hora, se diría que el pachinko es hoy la gran pasión japonesa. Las salas están decoradas con los colores del arco iris, por dentro y por fuera, iluminadas con tubos de neón y lamparitas de colores que se encienden y se apagan. Las musiquillas difundidas por los altoparlantes armonizan con este lujo visual. 
 

Pero si no fuera por la agresividad cromática y acústica, no nos daríamos cuenta de que se trata de un local de diversión al ver esas filas de personas sentadas en banquitos, cada una frente a su pequeño escaparate vertical como en un puesto de trabajo, los ojos fijos en el centelleo del mecanismo relumbrante, maniobrando los pulsantes con gestos de autómata. Da la impresión de estar en una sección de una fábrica o de una oficina, con equipo electrónico, en pleno horario de trabajo. 
 

Entre nosotros los flippers de los bares e incluso los de las salas de juego, casi siempre rodeados de grupos de jóvenes, son terreno de desafíos, apuestas, recíprocas tomaduras de pelo. Aquí se tiene la impresión de una soledad multitudinaria, nadie parece conocer a nadie, cada uno está dedicado a su juego, mira fijo su fulgurante laberinto e ignora tanto al vecino de la derecha como al de la izquierda, cada uno como encerrado en su celda invisible, aislado en su obsesión o condena.
 

Se encuentran pachinko un poco en todas partes, en los diversos centros de la policéntrica Tokio y en las diversas periferias, pero sobre todo en los barrios de vida nocturna. En medio de los night-clubs, en las pizzerías de colores italianos, en los locales de striptease, en los poruno-shops (la palabra porno está adaptada a la pronunciación japonesa), del olor de anguila cruda o frita en aceite de soja, en el corazón de este mundo ruidoso los pachinko se abren como metálicos jardines de absorta concentración individual.
 

Los frecuentadores son por lo general hombres de cualquier edad; pero por la mañana, cuando los carteles de los barrios de diversiones están apagados, sólo los  arcos iris de los pachinko permanecen iluminados y un nuevo público se adueña de los juegos: las buenas amas de casa con la cesta de la compra. Mujeres de mediana edad o viejecitas, sobre todo, con sus quimonos de colores tornasolados, grandes nudos en la espalda, zuecos sobre calcetines blancos, se sientan delante de las maquinitas, dejan al costado la cesta de la que asoman el apio y las patatas dulces, y muy rápidas, como si maniobrasen una máquina de coser o un telar eléctrico, dedican a los rebotes de las pelotitas una atención calma y complacida.
 

Italo Calvino en "Coleccion de arena"

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